Los reyes católicos Isabel y Fernando, la pareja más notable de Granada

(Argentina)

Más de cinco siglos después de su muerte, los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, siguen en lo más alto de la popularidad en la ciudad que tanto amaron y desearon, Granada, donde avenidas, monumentos y hasta locales comerciales rinden tributo a esos personajes que cambiaron la historia de España y del mundo.

Viajar a Granada obliga a descifrar la vida novelesca de esos monarcas austeros, creyentes y fundamentalistas que vieron en esa ciudad andaluza la razón de ser de su amor y sus pasiones, y que la eligieron como sitio de descanso eterno.

A la saga de estos personajes aparece la figura de Cristóbal Colón, con mejor prensa en estas latitudes que en algunos lugares de la América conquistada, y que como un tercero se interpone una y otra vez en la vida de los monarcas.

Así se lo puede ver en el monumento el Monumento a Isabel la Católica que se encuentra, desde los años 60, en la plaza ubicada en el cruce de la calle de los Reyes Católicos y la Gran Vía Colón.

El monumento se compone de una figura de la Reina de 2 metros de alto sentada en una magnífica silla gótica ante la figura de Colón, situada en un escalón inferior y en posición arrodillada con objeto de recibir las capitulaciones.

El lugar también es la puerta de ingreso a la ciudad vieja donde un laberinto de callejuelas estrechas interrumpidas una y otra vez por plazas secas que permiten un descanso en los tantos bares que las habitan, y otorgan la posibilidad de contemplar el intenso movimiento de Granada, chocolate caliente y churros mediante.

Es momento entonces de encaminarse hacia la zona donde se respira la máxima religiosidad, un espacio donde se encuentran la Catedral de Granada y a su lado la Capilla Real, lugar donde descansan el sueño eterno Isabel, Fernando, Juana, Felipe (el marido que despertó la locura de la hija de los monarcas y la ira de estos), y un pequeño ataúd con los restos de Miguel, nieto de los Reyes Católicos.

El edificio, construido entre los años 1506 y 1521, refleja la austeridad y el espíritu religioso que le imprimió Isabel a todo el Reino de España, con una nave principal cubierta de bóvedas góticas y adornada con motivos heráldicos, la Capilla de San Idelfonso a la izquierda y el retablo mayor en cuyo centro se encuentra la Cruz.

 

En la parte central del crucero se ubican los sepulcros de los Reyes Católicos, a la derecha, y de Juana y Felipe, a la izquierda, los cuatro realizados en Italia en mármol de carrara. Bajo los mismos, la cripta con los féretros de plomo de los integrantes de la familia real y su pequeño nieto.

También se puede visitar la Sacristía-Museo, donde en una vitrina se observan la Real Cédula de creación de la Capilla firmada por Fernando e Isabel, y otra firmada por el Emperador Carlos V, el hijo mas famoso de los monarcas.

Pegada a la Capilla se alza una de las obras cumbres del Renacimiento español: la Catedral de Granada, un edificio imponente en su exterior y grandioso en su interior que muestra todo el poder de la cristiandad en esa tierra otrora dominada por los musulmanes.

Su construcción demandó 40 años, de 1523 a 1563, aunque algunas modificaciones, como la de la fachada, estiraron la fecha hasta los primeros años del 1700.

El templo, de una extrema luminosidad que contrasta con los tonos oscuros de la Capilla Real, es una magnífica obra de arte en sí misma, tanto la nave principal como las 13 capillas que se encuentran en sus lados.

Todo esta zona dominada por el triunfo de la cristiandad, y que es centro de atracción de miles de turistas llegados de todo el mundo, hacen pensar que la persecución y posterior expulsión de los moriscos que tuvo lugar tras la conquista de Granda por parte de los Reyes Católicos eliminó definitivamente la impronta musulmana, algo que el turista descubrirá pronto que se trata de un espejismo.
En los alrededores de estas construcciones católicas un entramado de pequeñas callejuelas conforman uno de los zocos (mercados) mas bulliciosos y coloridos atendidos, en su gran mayoría, por gente llegada de los países del norte de África.

Al instante se percibe que el espíritu morisco habita en cada uno de los rincones de Granada, que siete siglos no han podido ser extirpados de su esencia, y el contraste entre una y otra cultura, que convivieron durante tantos siglos.

Fuera de lo que significa la fortaleza de La Alhambra, que por su majestuosidad que domina toda la ciudad y su impronta histórica merece una crónica aparte, preferimos abordar la vida callejera de Granada, el influjo de esa exquisita cultura que se encuentra visible en las construcciones, los barrios, la gastronomía y las costumbres del pueblo granadino.

Basta retomar por la calle de los Reyes Católicos, seguir derecho hasta que se transforma en Carrera del Darro, que bordea el río del mismo nombre, para que los sentidos despierten contagiados por la algarabía, la belleza indescriptible, y el ambiente cosmopolita de la Granada profunda.

Con el murmullo del estrecho río acompañando la caminante, y siempre bajo el influjo pétreo de La Alhambra, es toda una aventura tomarse un aperitivo con tapas en las innumerables confiterías que se alinean en el Paseo de los Tristes, o seguir camino arriba para perderse entre las callejuelas del Albaicín, o bien pasar la Puerta de Elvira, que recuerdan el paso de los sultanes Ziríes y la dinastía Nazarita.

Este cronista se toma un descanso luego de subir por las calles empinadas del barrio gitano de Sacromonte, con la vista perdida en el increíble paisaje verde de las alturas de Granada, rodeado de innumerables cuevas donde domina el caló y el cante jondo que hacen soñar con un pronto regreso.

Fuente y foto: www.telam.com.ar